Aunque Pamplona tiene ese encanto que le hace sorprendernos en cualquier época del año, lo cierto es que es conocida en el mundo entero por su tradicional fiesta de San Fermín, sin embargo, hay mucho más y que puede ser visitable a lo largo de todo el año.
Plaza del Castillo: sin duda se trata del lugar más icónico para comenzar la visita. Es el centro neurálgico de la capital de Navarra, presidida por el edificio del Palacio de Navarra está enmarcada por encantadores edificios de estilo neoclásico e historicistas, no obstante, el protagonismo se lo lleva el quiosco de la música que se localiza en el centro. Un lugar pensado para tomarnos una cerveza bien fresquita pues sus bajos están repletos de bares y restaurantes, a tan solo unos pocos metros de la plaza de toros y la conocidísima Sede Consistorial, desde donde todos los años se da el chupinazo.
Catedral de Santa María la Real: con su fachada neoclásica más actual que el resto del edificio, se trata de uno de los conjuntos catedralicios mejor conservados de toda España. Su interior es una auténtica gozada para todo el mundo, pero especialmente para los amantes de la belleza y el arte pues cuenta con un maravilloso claustro gótico del siglo XIV, una sacristía de estilo rococó y una fantástica iglesia con naves de crucería.
Murallas de Pamplona: sus cinco kilómetros de longitud convierten a las murallas de Pamplona es una visita obligada, pues son uno de los mejores restos medievales de murallas y fortificaciones de España. Al finalizar su recorrido podemos visitar otro punto de interés, los Jardines de la Taconera.
Ciudadela de Pamplona: ligada a las murallas de la ciudad, que constituía su límite sur, este espacio es uno de los mejores y más completos de toda España. Constituida por orden de Felipe II, es de estilo renacentista y cuenta con una sala de armas del siglo XVIII, al polvorín o la fantástica puerta del Socorro que da la entrada al complejo. Gracias a los pocos enfrentamientos que ha sufrido su estado de conservación es inmejorable, por lo que, sin duda, es un auténtico lujo pasear por ella.
Casco Viejo de Pamplona: sus calles sinuosas, edificios medievales, iglesias, catedrales y un sinfín de monumentos y lugares de interés, hacen que pasear por las calles de Pamplona sea una auténtica delicia. Además, aparte de los espacios que ya hemos nombrado podemos visitar también el mercado de Santo Domingo, el Palacio Real y el archivo de Navarra, el museo Diocesano o el Palacio Episcopal. Y todo, por supuesto, acompañado por los deliciosos pintxos de la ciudad.
Más allá de San Fermín: un encanto especial sus calles
Calle Estafeta: subiendo la Cuesta de Santo Domingo, otra emblemática calle, y atravesando la Plaza del Castillo llegaremos a esta famosísima calle que, como ya conocemos, termina en la plaza de toros. Su nombre se debe a que la primera estafeta de correos de Pamplona. se ubicaba allí en el siglo XVIII. Los días que hay encierro por ella discurren en poco más de 1 kilómetros multitud de gente delante de seis toros. Cuando está libre es un lugar idóneo para disfrutar de unos deliciosos pintxos pues está repleta de barecitos muy agradables.
Calle Redín: se trata de una de las calles más bonitas que conocer en Pamplona, miremos por donde miremos veremos rincones valiosos de la historia. Es una calle tranquila, lo que hace que, sin duda sea el lugar ideal para sacarse una foto sin mucha gente.