El acceso al ocio y al turismo en igualdad de condiciones sigue siendo una asignatura pendiente frente al creciente colectivo de personas con discapacidad y mayores.
Es muy común que los diseñadores consideren como usuario final a un individuo similar a sí mismo o que cumpla con los parámetros antropométricos estándar. De este modo, el producto final será ideal para su uso por una persona idéntica al diseñador, o para una persona de edad, peso, altura y capacidad intelectual media.
No obstante, la realidad es bien distinta, el hombre estándar no existe, sino que se trata de una mezcla surgida de muchas personas no estándar.
Hay que tener en cuenta que, a día de hoy, la discapacidad ya es una realidad numerosa, incluso al margen del proceso de envejecimiento. A grandes rasgos la población con discapacidades en España es de 3,5 millones de personas, de 50 millones en Europa, y más de 500 millones en el mundo.
Según un estudio de la Comunicación de la Comisión de las Comunidades Europeas, el 14,5% de la población de la UE en edad de trabajar (16-64 años) afirma sufrir algún tipo de discapacidad, un 20% de las personas entre 60 y 64 años padece una discapacidad grave, y un 17,1% una discapacidad moderada.
Así mismo, en edades superiores la situación se hace numéricamente apabullante, ya que 4 de cada 10 personas entre 75 y 79 años y 6 de cada 10 mayores de 85 años presentan alguna discapacidad en España; tratándose de grupos de población que, además, sufrirán una importante expansión en los próximos años.
Con esta realidad, la accesibilidad adquiere cada vez una mayor importancia como elemento de valor en el hotel, y como requisito necesario para asumir los cambios que la población está sufriendo. Según datos de la Unión Europea, existen 100 millones de personas que viajarían más si los hoteles y establecimientos turísticos fueran más accesibles.
En relación a esto, debemos decantarnos por un diseño para todos, consiguiendo aumentar el número de usuarios que puedan interactuar con éxito con el entorno, producto o servicio diseñado, es decir, intentar acercar el elemento diseñado a todos los individuos.
La imagen que proporcionamos al exterior, como país turístico acogedor, debe ir a la par con un servicio que cada vez tenga mayor calidad. Esto será lo que mejore la competitividad de los distintos establecimientos en un sector tan complejo, abierto e importante para nuestra economía y, en este aspecto, la mejora de la accesibilidad de los establecimientos, tiene mucho que hacer en ello.
Gracias al ‘diseño para todos se intenta reducir la distancia que separa a los individuos con capacidades distintas de la media del diseño de productos estándares. Se debe diseñar para que todos los servicios sean accesibles, eliminando las carencias existentes en los actuales. Así pues, es imprescindible que los diseñadores tomen conciencia de la amplia diversidad que conforma la sociedad. La carencia de accesibilidad en nuestros establecimientos hoteleros los llevará a ser excluidos del mercado.