De todos es bien sabido que sus comienzos en el mundo profesional no se desarrollaron en el sector del interiorismo, ¿podría narrar en qué momento decidió cambiar de profesión? ¿Cuándo se le encendió esa bombilla?
Viví durante casi tres años en Nueva York y allí no se me apareció el Arcángel San Gabriel y me lo dijo, no fue la Anunciación, fue otra cosa. Yo tendría que haber estudiado Arquitectura, básicamente porque es lo que siempre me había atraído. De hecho, mi nani siempre le decía a mi madre: “señora, este niño se para en las obras, no se para en las jugueterías”. Veía una hormigonera y ya me quedaba mirando. Sí, me gustaba todo lo que incluía el mundo del interior, del arte, de los espacios…, en casa esto era bastante corriente. Mi padre, que era un General de Caballería tremendamente estricto, era un hombre muy refinado, muy a la vieja usanza, que dibujaba divinamente bien. En casa hablar de un mueble era normalísimo, por ello a mí no me parecía que eso fuera algo excepcional.
Por razones, las que fueran, a los 16 años decidí irme de casa, era muy independiente, y si hubiera dicho que quería estudiar Arquitectura me hubieran dicho que sí, pero en Barcelona, donde vivíamos. Como había estado todo el Bachillerato en los Jesuitas y en ese momento no había universidades privadas, la única que había era Deusto en Bilbao, dije que me iba allí. Estuvieron de acuerdo y estuve tres años estudiando Derecho y Económicas, sin embargo me puse enfermo un año y ya acabé Derecho en Barcelona y Económicas no lo finalicé, me quedé en tercero. Después, muy joven, entré en el mundo de la banca, donde estuve unos nueve o diez años.
Con la banca me fui a Nueva York y durante un almuerzo en el Four Season, el súper restaurante de la ciudad en el Park Avenue, en un edifico hecho por uno de los grandes arquitectos [el edificio era de Ludwig Mies van der Rohe y el diseño del restaurante de Philip Johnson], tomé conciencia de cuál era mi camino. Estaba en una comida de trabajo y me encontraba más impactado por las proporciones, las calidades, los espacios…, era una maravilla. Todo el interior era con árboles y en cada estación los cambiaban, por eso se llamaba Four Season, fue un hito. Así, con el tiempo me di cuenta de que me interesaba más la perspectiva, cómo estaba estudiado el volumen, etc., que el tema de los ratios. Era ridículo, tenía que dedicarme a esto.