El siglo XX se inicia en Madrid con la pretensión de convertir a la ciudad en una de las grandes capitales europeas. En el marco de esa transformación comenzó un ambicioso proyecto urbanístico que incluía la que sería la arteria principal de la capital: La Gran Vía. Y es justo ahí, en el número 21 de esta majestuosa avenida de más de un kilómetro de longitud, esquina con la emblemática Calle Montera, donde se encuentra la estrella de este relato: el hotel NH Collection Gran Vía.
El edificio que alberga el hotel, conocido como Gran Vía 21 y de estilo neobarroco, pertenece a la primera fase del proyecto urbanístico y comenzó a construirse en el año 1915 como edificio de viviendas para Tomás Allende. Sin embargo, en sus bajos también llegó a albergar el café de Andrés Barquín, antes Café de San Luis, uno de los más icónicos de la época.
El proyecto fue obra de los arquitectos Julio Martínez Zapata y José López Sallaberry y estuvo inspirado en el barroco español. Su fachada cuenta con molduraciones en los vanos y se divide en tres zonas separadas por dos líneas de balcones abalaustrados. Elementos que, además de embellecerlo, lo destacan y convierten en uno de los más bellos y reconocibles de la avenida.
Para trasformación dicho edificio en un hotel, se puso en manos del estudio de interiorismo TBC de Mercedes Isasa el proyecto del diseño, quien se inspiró en un estilo neoplateresco, de molduraciones en los vanos, de balcones abalaustrados y de materiales nobles, de piedra, madera y forja. Por ello, han sido utilizados estos mismos conceptos, reinventándolos, adaptándolos a la actualidad, creando rincones especiales que evoquen una época pasada donde el diseño actual también está presente.