Hasta no hace mucho tiempo considerados como un pequeño obsequio de bienvenida, los amenities o productos de acogida se han convertido en los últimos años en uno de los servicios esenciales dentro de un hotel, casi a la altura de la propia cama. Y no solo eso, el surtido, la calidad y el diseño de los productos de acogida han acabado dotando de personalidad propia a un establecimiento, al mismo tiempo que definen por sí mismos muchas de las características que podemos esperar durante nuestra estancia, relacionadas con el confort y la preocupación por el trato a la clientela. En numerosas ocasiones, estos detalles pueden elevar varios grados la imagen que nos llevamos de un hotel y determinar una futura repetición, la fidelidad absoluta a una cadena e, incluso, alentar la prescripción hacia otros clientes. Por el contrario, de no alcanzarse un mínimo de satisfacción, su connotación negativa puede degradar la consideración global hacia el establecimiento y acabar tachado de la agenda. Más cuando la percepción sobre los amenities ha variado radicalmente desde un regalo graciosamente depositado en el cuarto de baño para la higiene personal hasta un servicio contractual más, incluido por tanto en la tarifa convenida.
Por todo ello, la industria hotelera en su conjunto – y sobre todo las grandes cadenas y establecimientos emblemáticos- ha mimado con especial cariño un buen suministro de amenities, ampliando progresivamente el pack básico de artículos de higiene: gel de ducha, champú y jabón de manos, principalmente, para completar una amplia y casi infinita gama de productos, entre los que se puede mencionar diferentes kits, como el de afeitado, dental, de limpieza de zapatos, de costura o de higiene íntima femenina, así como body milk, acondicionador, gorro de baño, esponja, cosméticos, perfume, acondicionador, marinas, loción solar, toallitas desmaquilladoras o enjuague bucal, por solo citar algunos de sales los más frecuentes. Claro está, el surtido siempre dependerá de la categoría del hotel e incluso de su situación y clientela, ya que no existe legislación de mínimos al respecto y solo meras recomendaciones, dependiendo en muchos casosde las exigencias de las cadenas voluntarias a las que esté asociado el establecimiento para su comercialización.