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Desde el 21 de Mayo el uso de las mascarillas en nuestro país es obligatorio, siendo un complemento que ha venido para quedarse una larga temporada con nosotros. Pero si el incivismo está llenando el suelo de nuestras calles de mascarillas, el mar se está preparando para algo aún peor.

A finales del pasado mes de mayo, un grupo de submarinistas se sumergió en las aguas del Mediterráneo en Francia. Lo que descubrieron en sus profundidades tiene que ser un toque de atención para darnos cuenta de lo que nos espera, no solo este verano, sino los próximos años. Los guantes y las mascarillas no son degradables, con lo cual pueden aguantar cientos de años en los océanos. Es la primera huella ecológica de esta crisis, sumada al incremento del uso del plástico, un gran retroceso en el camino de la sostenibilidad.

La ONU estima que cada año se arrojan al mar 13 millones de toneladas de plástico, sólo en el Mediterráneo acaban 570.000 toneladas, el equivalente a 33.800 botellas de plástico por minuto.

Si la mitad de la población de España utiliza una nueva mascarilla desechable todos los días, sería equivalente a alrededor de 705 millones de máscaras por mes. Sólo con que el 1% de mascarillas no se eliminen adecuadamente durante un año, estamos hablando de 84 millones de mascarillas contaminadas al año, muchas de las cuales terminaran en nuestros mares.

Es innegable que el cese repentino de las actividades económicas para atajar la propagación de la pandemia ha provocado algunos acontecimientos ambientales positivos. El agujero de la capa de Ozono en el Ártico se está cerrando y la calidad del aire y el agua ha mejorado notablemente.

En Resuinsa, con su firme apuesta por el cuidado del medio ambiente han focalizado su I+D+i y su esfuerzos por desarrollar unas mascarillas higiénicas sostenibles: reutilizables y reciclables con una durabilidad testada de más de 30 lavados. Además, están fabricadas en 100% algodón hipoalergénico y tienen equivalencia FFP2, protegiendo al usuario y a los demás, por supuesto cumpliendo con la nueva norma UNE-0065:2020.

El objetivo es evitar a toda costa que la crisis sanitaria sea sucedida por una crisis de carácter ecológico.