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Este 28 de junio se ha apagado una de las luces que siempre brilló con fuerza en el turismo español. A tres meses de cumplir los 85 años de edad, el presidente de Vincci Hoteles Rufino Calero ha fallecido en Madrid después de una vida entera dedicada a un sector, que es uno de los principales motores de la economía de nuestro país. Hotelero por vocación y empresario de los de antes, su máxima siempre ha sido el esfuerzo y el trabajo, valores que ha transmitido a su entorno. Casado con María Isabel Gracia, padre de cuatro hijos y abuelo de 11 nietos, su legado continúa en la figura de sus hijos, al frente ahora de Vincci Hoteles, quienes en conjunto, como ha sido siempre, hacen y harán prevalecer y crecer a la compañía como una cadena hotelera de referencia.

Rufino Calero empezó su carrera profesional en 1953 en Husa Hoteles y permaneció en la cadena hasta 1958, año en el que pasó a ser director administrativo de la cadena Hispanhotel. Tenía 18 años cuando empezó a trabajar en el sector hotelero. Lo hizo como auxiliar administrativo en las oficinas centrales de Husa Hoteles un 29 de julio. Era el día de Santa Marta, patrona de la hostelería. Calero, que frustraba así el deseo de su abuela de que trabajara en un banco, tuvo la tarde libre. Los días y años siguientes vinieron, sin embargo, cargados de largas jornadas y de anécdotas como gestor de hoteles: «trabajo, trabajo y trabajo», ésta fue la impronta que marcó cada día de su influyente carrera empresarial dentro del sector turístico español, uno de los más dinámicos del mundo gracias a figuras emblemáticas como la de Rufino Calero.

En 1961 adquirió su primer hotel en propiedad, en Zaragoza, el Hotel Gran Vía, y a partir de ese momento comenzó su andadura como empresario. Desde el inicio de su trayectoria imprime una filosofía de trabajo que sigue viva en la actualidad en Vincci Hoteles, por aquel entonces ya afirmaba que «la hostelería es una profesión vocacional y cuando uno tiene el ‘veneno’ en el cuerpo es difícil quitárselo; el que nace hostelero no quiere dejar de serlo y vive por y para el cliente». Es entonces cuando define tres grandes valores que ya son universales dentro del sector: «calidad, servicio y ubicación son las claves para lograr el éxito», decía siempre con una convicción inquebrantable.

En 1965 es cuando comienza una nueva faceta dentro de la hostelería, muy enriquecedora según su criterio, que son los hoteles de alta montaña y nieve, dirigiendo durante 4 años el Hotel Edelweis de Candanchú. Siempre recordaba estos años con especial cariño a pesar de que fueron un reto constante debido a las características propias de este tipo de hotel: «era pura improvisación. A 20 grados bajo cero, de repente me llamaba el jefe del servicio técnico para decirme que no había agua caliente porque las tuberías se habían congelado… salía del atolladero como podía».

Conocido en el sector turístico por su agilidad y por ser un gran negociador y bueno con los números, Rufino Calero posteriormente es fichado por Arturo  Estrada para crear la División Hotelera de lo que entonces era el primer touroperador español OTA y llega a dirigir 15 Hoteles hasta el año 1975, en que, junto con Max Mazín y Antonio Briones forman la compañía Tryp Hoteles, consiguiendo hasta el año 2000, tener 80 establecimientos repartidos por todo el mundo, con más de 30.000 camas. En esos años siguió su estilo propio, en el que siempre se preocupó por el máximo cuidado de los huéspedes pero también de los empleados. Al igual que los tres mosqueteros, Rufino creía en “Uno para Todos y Todos para Uno”, y siempre explicaba que “la mayoría de los que trabajaban conmigo se han jubilado conmigo”. “Siempre digo que en la hostelería trabajamos sin red, como los trapecistas. En una fábrica de camiones se prueban los vehículos y se devuelven si están defectuosos. Sin embargo, puedes gastarte cincuenta millones de euros en un hotel, pero resulta que el camarero ha tenido una mala noche y a lo mejor se lo hace pagar al cliente, que puede que nunca vuelva. Eso se evita teniendo un equipo muy profesional y manteniendo un buen ambiente de trabajo”, aseguraba siempre el directivo.

En el año 2001, Rufino Calero con los 65 años ya cumplidos cambió la jubilación por volver a empezar y fundó la cadena Vincci Hoteles con sus cuatro hijos, también hoteleros, y algunos miembros del equipo directivo de la antigua cadena, un equipo que ya había demostrado su capacidad para poner en pie grandes proyectos hoteleros.

Sus cuatro hijos, Teresa, Carlos, Miguel Ángel, y Rafael han dirigido desde entonces Vincci Hoteles en distintos cargos directivos bajo su atenta mirada. El “Jefe”, como desde niños han llamado siempre a su padre, siempre tuvo la ilusión de que sus hijos fueran «cuatro magníficos hoteleros», pero también quiso mostrarles que su profesión era pura vocación. «Nunca nos obligó», afirma Carlos. «Pero, después de vivir en los hoteles desde muy pequeños, el gusanillo estaba ahí», apunta Rafael. Y Miguel Ángel recupera una máxima de su padre: «Yo abro un hotel y tiro la llave, ya no se vuelve a cerrar. O tienes esa vocación o no te dediques a esto».

El director general de Vincci Hoteles, Carlos Calero recuerda que “desde niño vi al Jefe trabajando 24 horas 365 días al año. Pertenece a una generación hecha a sí misma, con aguda intuición y gran culto al trabajo”. Su hija Teresa le considera «un ejemplo a seguir por todo el mundo del turismo” aunque apunta que “a pesar de ser un gran trabajador, jamás tuve la sensación de que antepusiera la vida laboral a la familiar», mientras sus hermanos destacan «su intuición, su olfato, su respeto a la jerarquía y su capacidad de sacrificio y de gestionar equipos». Todos recuerdan los valores que les ha transmitido: “el valor del esfuerzo, de cumplir la palabra dada, de ser puntuales, de ser humildes y administrar con sensatez el dinero, y de contar con la familia por encima de cualquier cosa”.

Durante su andadura profesional Rufino Calero logró grandes hitos como levantar el primer hotel de nieve de cinco estrellas del país o también fue quien supo ver antes que nadie del potencial del turismo de sol y playa en las Islas Canarias. También lideró la expansión internacional de los hoteles españoles con la implantación de Tryp en Cuba y Túnez. La humildad y modestia que siempre llevaba por bandera, han hecho que, sin embargo, no haya tenido nunca inconveniente en colocar mesas cuando ya era el director del grupo empresarial, según recuerdan empleados de Tryp y Vincci Hoteles.

Gran amante del campo y con sus hijos al frente del negocio, Rufino Calero en los últimos años tuvo más tiempo para disfrutar más de la naturaleza, de sus toros y caballos, aunque siempre estaba ahí cuando se le necesitaba, “hasta hace bien poco le he pedido algún consejo a mi padre y no se me han caído los anillos; no entiendo a la gente que desecha a los mayores. Mis hermanos y yo no podemos olvidar que tendríamos que nacer cinco veces para saber lo mismo que él y que nuestro camino ha sido fácil porque él nos lo allanó”, explica Carlos.

Su valioso legado es el que mantienen hoy día sus hijos, que recogieron el testigo con la creación de Vincci Hoteles adoptando las enseñanzas y valores que les había transmitido el “Jefe”. Sus hijos han seguido los mismos pasos que su padre continuando con la tradición de una familia dedicada al sector desde siempre pero con la modernidad de una nueva generación que viene pisando fuerte, con la misión de adaptar las nuevas tendencias en hostelería y nuevas formas de viajar, así como adoptar constantemente las últimas innovaciones tecnológicas, en una cadena hotelera en la que la digitalización forma parte de su ADN. El grupo hotelero, consciente y observador de los continuos y profundos cambios sociales y empresariales que afronta el sector, desea seguir sumándose al futuro.

Durante su trayectoria, Rufino Calero ha recibido numerosos reconocimientos a su labor, entre ellos, la Medalla al Mérito Turístico en la categoría de Sostenibilidad y Calidad, otorgado por el Gobierno de España para reconocer a aquellas personas e instituciones, nacionales o extranjeras, que hayan prestado servicios relevantes en la innovación, promoción o internacionalización del turismo español durante su etapa en Vincci Hoteles, y el Premio Príncipe Felipe a la excelencia empresarial otorgado también por el Gobierno de España, en la modalidad de empresa turística, durante su etapa en Tryp Hoteles

Avalada por la experiencia de la familia Calero, Vincci Hoteles se ha posicionado en el sector de los hoteles de lujo con un modelo de negocio diferente en el que cada proyecto tiene un toque especial. Todos sus alojamientos coinciden en su apuesta con el diseño, la tecnología punta, el mejor equipo de profesionales y las más modernas técnicas de gestión del mundo del hostelería, siempre ubicados en emplazamientos únicos con edificios de nueva construcción o renovados. Sus establecimientos se basan en el principio de no estandarización y en el respeto a la personalidad de cada hotel a través de su adaptación al entorno y a la cultura del lugar en el que se encuentran.

Desde su creación en 2001, la compañía ha experimentado un crecimiento continuo tanto a nivel nacional como internacional en el segmento de hoteles de lujo. Este 2020 ha cumplido su 19 aniversario con un portfolio de 37 hoteles, situados 29 de ellos en España, 3 en Portugal y 5 en Túnez.