Vincci Hoteles amplía de nuevo su presencia en Barcelona con la apertura del cuarto hotel de la compañía en la ciudad, el Vincci Mae 4*, que se sitúa en el número 596 de la Avenida Diagonal, junto a la plaza de Francesc Macià, una de las principales zonas comerciales de la Ciudad Condal. Esta nueva apertura se une a los otros tres establecimiento con los que ya cuenta la cadena en Barcelona, el Vincci Gala 4*, el Vincci Bit 4* y el Vincci Marítimo 4*. El edificio en el que se ha instalado data de 1945, el cual ha visto cómo se ha transformado su interior con un diseño que va firmado por el afamado interiorista Jaime Beriestain, quien ha llevado a cabo una reinterpretación de los códigos tradicionales de un hotel, de tal manera que se dota al establecimiento de sofisticación gracias a una decoración urbana y moderna, repleta de personalidad, que pretende sorprender en cada estancia, sin sacrificar un ápice en comodidad para el huésped.
Además, Vincci Mae 4* recibe su nombre de la actriz y guionista neoyorquina Mae West, quien se diferenciaba por su sofisticación y toque pícaro en la gran pantalla y en su forma de vida. Su particular ironía, perspicacia y forma de ser provocativa han servido de inspiración a este alojamiento que pretende romper con los cánones establecidos y ofrecer una forma diferente de experimentar Barcelona y todos sus atractivos. Todo ello recordando el estilo del Nueva York de los años 30, en el que la crisis económica a nivel mundial no estaba reñida con la sofisticación y los mejores espectáculos de jazz.
La renovación del establecimiento se llevó a cabo a lo largo de 9 meses, suponiendo una inversión total de aproximadamente 28 millones de euros. La estructuración de la compra, definición del proyecto y la ejecución del mismo ha sido llevada a cabo por la consultora inmobiliaria Caler Advisory & Asset Management, en representación de la propiedad. Mientras que el estudio de arquitectura que ha redactado el proyecto ha sido Guarner, Garreta y Viola, ubicados en Barcelona. Con respecto al interior, Beriestain ha huido de los códigos tradicionales a la hora de decorar la recepción del hotel, creando un espacio novedoso de techos altos, flanqueado por una pared vegetal en la entrada que reinterpreta el clásico Zaguán. Asimismo, una reinterpretación del tradicional pavimento francés ‘cabochon’ en blanco y negro, y un biombo de grandes dimensiones con espejos pintados a mano en una gama de matices en oro, verdes y ocres, recrean la entrada a este hotel.
Para este diseño, el interiorista se ha decantado por el color rojo como hilo conductor que representa este alojamiento, compuesto por nueve plantas. Se trata de una tonalidad reconocible, que se encuentra entre un rojo cantonés y un terracota, que le confiere carácter y un toque vintage al interiorismo del hotel. Es un color profundo, sofisticado y a su vez delicado, que acompaña al huésped en todas las estancias.