Según el diccionario de la Real Academia Española (R.A.E.) el bufé está definido como “comida compuesta de una diversidad de alimentos fríos y calientes, dispuestos a la vez sobre una o varias mesas, y ofrecidos generalmente en hoteles y actos sociales”.
Esta modalidad de servicio es de origen francés, propia del siglo XVIII, que posteriormente se adoptó en toda Europa, el nombre francés de buffet (en español bufé o bufet) hace referencia a la mesa de apoyo que se usaba en esa época para poner las fuentes de comidas, platos necesarios para el servicio, etc. Más tarde fue Inglaterra quien lo popularizó en el siglo XIX, adoptándolo para los servicios de Breakfast (desayunos), Tea (hora del Té) y Dining (comida), se trataba de una manera de ostentación donde se exponían los platos y fuentes repletos de comida, de este modo se demostraba el nivel de vida de quien lo ofrecía. Actualmente se utiliza en hoteles, restaurantes, banquetes…
Esta fórmula de restauración, medianamente novedosa, consiste en la distribución de las diferentes ofertas gastronómicas que ofrece el establecimiento, en este caso el hotel, en mostradores que se encuentran equipados con maquinaria que mantendrá los alimentos en perfecto estado de conservación.
En los últimos años el buffet se ha puesto de moda, esto se ha debido a diversos factores que justifican este hecho, entre los que podemos destacar su rapidez, en este aspecto, el cliente no tiene que esperar y él mismo se marca el ritmo de la comida. Por otra parte, el personal de servicio pasa a ser un elemento de apoyo a los comensales, sin sufrir la presión que en ocasiones se genera durante un servicio normal. Igualmente, el cambio en los hábitos socioculturales que han convertido el acto de comer en un periodo informal y relajante, permiten al comensal desprenderse de actitudes formales. Otra característica por la que el buffet cada vez está más en auge es la abundancia de oferta, el buffet presenta gran variedad de platos donde el cliente elige con mayores posibilidades. Este atractivo no debe significar un mayor coste de materias primas, siempre que la oferta esté planificada de acuerdo con los gustos y consumos de la demanda-clientes. Y, por último, el precio, el cual suele ser también un atractivo, ya que habitualmente la relación precio/calidad/cantidad, representa un plus por encima de lo que se paga o al menos así lo estima el cliente.
No obstante, a pesar de tratarse de una forma de consumo más informal, el buffet nunca debe ser una instalación improvisada, sino que su estructura, montaje, decoración, situación de platos, etc., tienen que responder a unas necesidades concretas y formar parte de un conjunto armónico que está representado, en último término, por el propio establecimiento hotelero.