Hemos podido leer que su pasión por el diseño y por las antigüedades son heredadas de su abuela materna y su abuelo paterno, respectivamente, ¿cree que si no lo hubiera visto en ellos, hubiera habido otra influencia que le hubiera llevado por este camino?
Por supuesto, habría aprendido de otras fuentes. Al final, el nacer en un entorno más cuidado lo único que hace es facilitarte el camino. Pero seguro que si yo hubiese nacido en los Picos de Europa me habría bajado corriendo con cinco años.
Quizás el haber crecido con ambas influencias ha hecho que la línea entre anticuario y diseñador haya sido muy fina en su caso. ¿Cómo cree que ha influenciado su lado anticuario sobre su lado de diseñador y viceversa?
No hay una línea entre anticuario y decorador, esto es un error que solo ocurre en España donde la decoración ha tenido menor recorrido. Pero si vemos qué pasó en el siglo XX en USA, Francia e Inglaterra, veremos que los mejores decoradores eran también anticuarios.
Pienso que la formación en antigüedades es esencial para poder decorar. Y, en España, tenemos el ejemplo de los dos más grandes decoradores de su historia, Jaime Parladé y Duarte Pinto Coelho, que en sus comienzos tenían tiendas [de antigüedades] en Marbella.
Otro pilar que ha identificado como primordial en sus inicios en este mundo fue la educación y formación que recibió gracias a sus progenitores, ¿cuáles considera que fueron los momentos o personalidades que más le influyeron en esta época formativa?
Fui un privilegiado por el entorno en el que nací. Me mandaron a uno de los mejores colegios de Madrid en ese momento, el Colegio Estudio, pero luego resultó un desengaño. Un colegio de tanta fama de liberal cometió conmigo un ‘bullying’ terrible, todo por mi imaginación desbordante. De hecho, terminaron expulsándome de él. Algo sorprendente. Por lo cual yo me considero un autodidacta total, porque mi entorno no ayudaba.