Como cada año, septiembre marca la vuelta al cole y el retorno al trabajo, y con ello también toma protagonismo ese rincón de la casa que hace de despacho, mesa de estudio o de las dos cosas a la vez. Nos ocupamos de la estética, de que sea práctico y de que esté bien integrado en el entorno pero… ¿reparamos en que esté bien iluminado? Y no solo hablamos de que tenga una lámpara bonita sino de que, además, haga la función para la que está pensada.
“Los errores más comunes tienen que ver con la cantidad de luz, la calidad de la luz y el deslumbramiento o los reflejos”, explica Raúl Oliva, responsable del Curso de Experto en Diseño y Cálculo de Iluminación de IDEQUO, Madrid Interior Design School. “En general ponemos más cantidad de luz, pero no ponemos habitualmente buena luz”, especifica.

Raúl Oliva – IDEQUO
La buena noticia, según Oliva, es que no se trata de elegir entre un despacho bonito y uno funcional, ya que “podemos hacer las dos cosas al mismo tiempo, cuesta más o menos lo mismo”. Con esa idea en mente, IDEQUO ha recogido cinco claves para que la vuelta a la rutina no se note en la vista.
Las claves para iluminar bien tu zona de trabajo
- La cantidad justa de luz, ni más ni menos. El primer error es pensar que “cuanta más luz, mejor”. Raúl Oliva lo tiene claro: el objetivo es “una cantidad de luz justa, que no nos deslumbre, evitar los reflejos en la pantalla y una buena reproducción cromática”. Como referencia técnica, recomienda unos 400 lux de luz general de relleno, sin sombras, a los que se suma una luz de trabajo más suave que aporte otros 200 lux adicionales.
- Que la luz rebote, no que te dé de lleno. Oliva desvela uno de los trucos menos conocidos: “Yo pondría el flexo dando la luz contra la pared en lugar de hacia la mesa para recibir el flujo luminoso por reflexión; es mucho más descansado para la vista”.
- Adaptar el tono de luz al momento del día. La temperatura de color no debería ser siempre la misma. Según el experto, lo ideal es “por la noche y al atardecer, luz más cálida; y por la mañana, más azulada”. Siempre con una potencia adecuada y una buena reproducción cromática, algo que considera indispensable.
- Trabajar por capas de luz, no con un único foco. Otro de los fallos que cometemos habitualmente es confiar toda la iluminación en una sola fuente. La recomendación del experto es combinar una luz general uniforme con una luz de tarea más específica sobre la zona de trabajo, evitando siempre sombras y reflejos molestos.
- Invertir en el flexo (y hasta en la bombilla) adecuados. Solemos pensar que, si el flexo da luz y vemos, es correcto, cuando no es así: una iluminación inadecuada produce agotamiento y dolor de cabeza. Si sólo pudiéremos cambiar una cosa, Oliva lo tiene claro: “Conviene invertir en un flexo técnico diseñado para dar luz y no molestar”. Una alternativa más sencilla es sustituir la bombilla por una controlada electrónicamente, capaz de adaptar el tono de luz automáticamente en función de la luz que haya en el espacio, y con un buen índice de reproducción cromática (CRI).
Y en los pisos pequeños, ¿qué?
En los hogares donde el despacho es en realidad una esquina del salón o del dormitorio, la solución no tiene por qué ser complicada: “Un flexo en la mesa o una lámpara de pie media, con 120 centímetros de altura, es suficiente”, apunta Oliva. También recuerda que el color de las paredes y del mobiliario influye en cómo percibimos la luz de la habitación, ya que “no vemos la luz sino la luz que se refleja en los objetos”, explica.
