El concepto VUCA (Volatility, Uncertainty, Complexity, Ambiguity, por sus siglas en inglés) describe un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo, que es el escenario donde se mueven las empresas del siglo XXI. Por extensión, las organizaciones líquidas son una respuesta a los desafíos de ese contexto cambiante. Adoptan una mentalidad y una estructura que les permite fluir y adaptarse, en lugar de resistir contra corriente o verse abrumadas por la incertidumbre y la complejidad. En REQUENA Y PLAZA nos hemos especializado en “fluir con los clientes” y por eso hacemos diseño para espacios “líquidos”.
En management, el concepto VUCA y las organizaciones líquidas tienen una conexión, en el sentido de que ambos abordan la necesidad de adaptabilidad y flexibilidad en entornos complejos y cambiantes. Mientras que VUCA describe el entorno (volátil, incierto, complejo y ambiguo), una organización líquida -según definió Zygmunt Bauman- es aquella que está en constante cambio. La agilidad se consigue adoptando una estructura más horizontal y flexible, promoviendo la colaboración, la comunicación abierta y la distribución de conocimiento en toda la organización.
Al adoptar enfoques más flexibles y adaptativos en el diseño y la gestión de proyectos, los profesionales de REQUENA Y PLAZA podemos responder de manera más efectiva a los desafíos del entorno cambiante al que también se enfrentan nuestros clientes y, por ende, sus encargos.
Por nuestra forma de trabajar y nuestra capacidad de adaptación, flexibilidad y fluidez respecto al entorno y demanda cambiantes de nuestros clientes, tratamos de diseñar espacios más eficientes y sin limitaciones rígidas en lo posible, y según el contexto y las necesidades del momento.
Espacios que, por ejemplo, en oficinas, buscan la comunicación abierta entre los usuarios, fomentando el trabajo en equipo, y que puedan adaptarse rápidamente a nuevas circunstancias y a sus usuarios, siendo congruentes con la imagen y el objetivo del cliente.
Juan Luis Requena y José Francisco Plaza un “estilo líquido”
En el contexto metafórico, un “estilo líquido” podría referirse a una serie de características o principios de diseño que evocan una sensación de fluidez, movimiento y flexibilidad… También podría implicar el uso de formas orgánicas, curvas y elementos que parecen estar en constante transformación, como el uso de la luz o el protagonismo del paisaje -siempre vivo con sus ciclos estacionales- en la decoración interior. Incluso podría referirse a la incorporación de sistemas de circulación de agua o elementos acuáticos en el diseño, como fuentes, piscinas o cascadas, para crear una sensación de movimiento y dinamismo. Pero no es solo esto, lo que nosotros entendemos por un “estilo líquido”.
En nuestros diseños también nos influye la naturaleza variable del entorno para integrarlo en lo posible, igualmente las demandas en constante evolución de usuarios y de la sociedad, así como también las necesidades de las nuevas tendencias en cuanto a tecnología, de los objetivos del negocio y de los usos del espacio.
Y cuando se ejecuta un proyecto, hablamos de inversiones considerables en muchas ocasiones, y que deben ser eficientes y rentables, por lo que deben ser flexibles incluso a cambios que se desconocen inicialmente a la hora de abordar el proyecto: ya sean nuevas regulaciones o su modificación, disponibilidad de recursos y materiales…
Nosotros debemos ser capaces de lidiar con la incertidumbre, anticipar posibles escenarios y diseñar soluciones flexibles y adaptables de cada cliente, que es único y especial en cada proyecto.
Y es que reconocemos la naturaleza cambiante y compleja del entorno construido, y desarrollamos enfoques que permitan a nuestros clientes enfrentar y adaptarse a la volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad que caracterizan su negocio, ya sea un hotel, un restaurante, una oficina….
Centrándonos en los clientes, es esencial comprender sus necesidades, objetivos y preferencias, conocer su sector y la propia empresa, pero también “saber leer entre líneas” es clave para hacer un proyecto perdurable, flexible y rentable. Por eso es tan importante preguntar y conocer al cliente al máximo posible. En la fase de aproximación, el briefing y la escucha activa de sus deseos son instrumentos tan importantes como los planos, el color o los materiales.
Conocer el entorno, a nuestro cliente -y a los clientes de nuestros clientes-, proporcionan una base sólida para comenzar el proceso de diseño y nos permiten comprender necesidades y expectativas, brindando la oportunidad de crear un proyecto que se ajuste a sus requerimientos específicos, con un diseño propio y único para cada caso.
De hecho, no defender un estilo único, no es la ausencia de estilo, sino reflejo de nuestra absoluta fluidez respecto a las peticiones y demandas del cliente, haciendo transparentes nuestros gustos particulares, pero adaptándonos y aportando experiencia y funcionalidad. Somos los oídos y los ojos del cliente y, luego, transformamos el “sueño” que tiene con su proyecto en un espacio concreto…
Nuestro claim, “Arquitectura de Sueños”, no es casual: es toda una declaración de intenciones que lleva siendo nuestra seña de identidad durante ya más de 35 años.