En estas fechas parece que el disfrute del verano ha quedado casi olvidado, pero todavía podemos disfrutar de varios planes para desconectar de la rutina diaria. Existen en España algunos lugares que sin duda pueden sorprendernos por que son algo que nunca habríamos imaginado, a sea por su paisaje, su ubicación o arquitectura.
En este post analizaremos algunos de los pueblos de España que se encuentran ubicados en lo alto de acantilados donde poder disfrutar de una escapada familiar o con amigos, de maravillosos paisajes y una singular gastronomía.
Los siete acantilados más impresionantes de nuestro territorio
Castellfollit de la Roca, Girona: se trata de un impresionante pueblo que con tan solo 1 km2 de superficie deslumbra por su ubicación, pues se alza sobre un espectacular risco de piedra de 50 metros de altura, justo en la entrada del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. Un enclave único que se convierte en un mirador natural desde el cual se puede contemplar los valles de los ríos Fluvià y Toronell.
Cantavieja, Teruel: con apenas 700 habitantes, este pueblo se sitúa al borde un acantilado cálido a 1.300 metros de altitud. Un pueblo en el cual nos veremos inmersos por su esencia medieval, como su Plaza Porticada, sus murallas e incluso su antiguo castillo que todavía se mantiene en pie.
Frías, Burgos: en el cerro de La Muela, se encuentra esta histórica villa, desde donde se domina el río Ebro gracias a su posición envidiable como territorio de paso y frontera. En su punto más alto se yergue el Castillo de los Velascos, mientras que en uno de sus lados prácticamente sobre el abismo se podemos descubrir sus curiosas casas colgantes.
Siurana, Tarragona: este territorio se ubica en el borde de un peñón con un embalse a sus pies de aguas azules. Además de maravillosas vistas también podremos conocer parte de la historia y arquitectura de la ciudad como es su castillo árabe. Sin duda, gracias a su estratégica ubicación fue el útlimo reducto musulmán durante el proceso de Reconquista.
El Castell de Guadalest, Alicante: en un peñasco a 595 metros de altitud, este pueblo de cajas encajadas en la roca domina el extenso valle rodeado de las sierras de Xortà y Serrella al norte y la sierra Aitana al sur. Existen dos barrios, el que está coronado por el castillo y protegido por la muralla, en lo alto de la peña, y el del Arrabal que se construyó posteriormente.
Jorquera, Albacete: el río Jucar forma un cañón con picos de 200 metros de altitud, y sobre uno de los cerros se alza Jorquera. Una escapada donde disfrutar de un pintoresco paisaje que, gracias a esta ubicación, en su pasado fue una auténtica fortaleza defensiva tal y como se puede observar en los restos del castillo, de los torreones defensivos situados en las dos entradas naturales que dan forma a uno de los pueblos españoles sobre acantilados más impresionantes de ver.
Albarracín, Teruel: este pueblo medieval se ubica en un peñón que está rodeado por el río Guadalaviar. Desde 1961 se considera como Monumento Nacional. Junto al impresionante paisaje que rodea a este municipio se le une un conjunto de murallas en las colinas circundantes que rodean la Sierra del Albarracín. Además, el propio pueblo con sus casas apiñadas, su color rojizo junto con su propia forja le proporciona a este pueblo aragonés un encanto especial.
Estos son solo unos pocos pues tanto en la península como en las islas existen infinidad de pueblos que no dejan de sorprendernos con su paisaje al borde del precipicio.