Los arquitectos querían incorporarlo al proyecto de forma visible, pero sin que ello supusiera comprometer la estética del conjunto. La idea era crear un sistema de falso techo que tuviera distintas propiedades (acústica, reflexión de la luz, resistencia al fuego) y diferentes apariencias (tamaño, color). La solución fue diseñar un techo discontinuo, tanto en el hall como en el auditorio, formado por paneles Neeva Board de Armstrong de varios tamaños y dispuestos con cierta distancia. De este modo, se dejaba espacio para otros elementos como la iluminación o los equipos de aire acondicionado. Los techos suspendidos, en planos horizontales y verticales, responden a un diseño no direccional, en el que el color, el material o la composición varían, condicionados únicamente por requisitos funcionales y estéticos. El sistema de suspensión a medida facilita su desmontaje y adaptarse a cualquier necesidad de cada estancia.
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