A la hora de decidirse a proyectar la cocina, tanto de un restaurante como de un hotel, surgen numerosos elementos a tener en cuenta. Independientemente del tipo de establecimiento, uno de los primeros puntos que ha de determinarse son los sectores en los que debe dividirse, necesarios cada uno de ellos para garantizar las diferentes etapas, recepción, almacenamiento, preparación de los alimentos, la cocción, el servicio y el lavado, para ello, lo más cómodo es agrupar las operaciones y los métodos de trabajo similares en un mismo espacio, de esta manera se consigue que se disminuyan los desplazamientos de los empleados y los cruces entre zonas.
Pero, aunque se plantee una distribución por sectores, no se debe olvidar las ventajas que aporta el disponer de una cocina flexible y adaptable a las posibles futuras necesidades; en este sentido se pueden plantear varios espacios y sectores en reserva para futuros sistemas en la cocina.
Las cocinas industriales se pueden configurar mediante diferentes tipos de mobiliario: modulares, a medida, suspendidas… cada uno de ellos con distintos elementos a favor y en contra. Sin embargo, en estos momentos, las cocinas modulares se están convirtiendo en las más demandadas, gracias a la posibilidad de personalizar cada proyecto, de ampliar la equipación en función de las necesidades y evolución del negocio, así como su facilidad de sustitución de elementos estropeados.
La innovación, el rasgo que diferencia y caracteriza estos productos, se encuentra en alza, ningún establecimiento puede quedar obsoleto; motivado por las diferentes y exigentes normativas en lo referente a seguridad alimentaria, la apuesta por la incorporación de nuevas tecnologías, la necesidad de rentabilizar costes… ha llevado a que cada instalación se decida por la incorporación de cocinas bien diseñadas, en las que el trabajo se pueda realizar de manera cómoda y sencilla.