La cultura wellness, que engloba conceptos ligados a la salud, el ejercicio físico, el relax y el bienestar, se ha instalado definitivamente en el sector hotelero español, contribuyendo en buena medida a mejorar su imagen y la calidad de los servicios que presta, así como a sostener las tasas de ocupación y fidelizar su clientela. Pero, más allá de los indiscutibles beneficios para la salud del cuerpo y del espíritu, los espacios wellness se han convertido en un interesante nicho de mercado dentro del negocio hotelero, cuyo potencial está aun muy lejos de haber alcanzado sus niveles óptimos. Pese a que globalmente los ingresos por este concepto representan una cifra simbólica con respecto a los obtenidos por la venta de alojamiento, comida y bebida (apenas el 3% de las ventas sectoriales, aunque hasta el 50% en hoteles tematizados concretos), se da por sentado que a medio plazo pueden constituir una de sus columnas vertebrales en cuanto a rentabilidad operativa, siendo en muchos casos la tabla de salvación para la viabilidad del negocio de alojamiento, a la que se están aferrando numerosos propietarios.
Aunque se trata de un segmento joven y todavía con un gran recorrido hacia la madurez, es impensable que un establecimiento moderno -ya sea de carácter urbano, vacacional e incluso rural- no haya aprovechado cualquier obra de remodelación para incorporar instalaciones wellness a su oferta, por reducidas que sean sus dimensiones, mientras la inmensa mayoría de los construidos en los últimos años, especialmente por encima de la categoría de 4 estrellas, han reservado una importante superficie y con estratégica ubicación a este tipo de servicios. En España, varios centenares de hoteles ya ostentan los vocablos spa o wellness en su propia denominación comercial (en numerosas ocasiones asociado también a actividades deportivas, lúdicas o congresuales), señalando así el tipo de cliente al que dirigen su oferta, en general de alto poder adquisitivo y fuertemente concienciado con la salud y el bienestar, mientras otros muchos ofrecen este servicio como un pequeño complemento a la estancia vacacional.
Estudio de viabilidad y configuración
Sin embargo, durante la década pasada, y al calor de la burbuja que también afectó al sector hotelero, se había asistido a un crecimiento caótico de los espacios wellness en numerosos establecimientos, abiertos apresuradamente sin una mínima planificación en cuanto a su configuración y elementos, ni mucho menos con un estudio de viabilidad sobre el mercado al que se iba a dirigir. En la mayoría de los casos, se creó un espacio wellness como exclusivo medio de mejorar la imagen, ofreciéndose como un producto a la disposición libre de la clientela y, en general, como reclamo para vender el hotel en su conjunto con tarifas más elevadas, sin buscar la rentabilidad del espacio ni a menudo ofrecer cabalmente los servicios prometidos. Con la llegada de las actuales dificultades económicas, muchos de ellos han sido abocados al cierre o la infrautilización, tras ser percibidos con baja relación calidad/precio o faltos de profesionalidad y no poder afrontar los elevados gastos de mantenimiento y de personal.