En pleno Eixample barcelonés, el estudio de interiorismo y arquitectura ÀBAG Studio presenta Còrsega, una vivienda que reinterpreta el imaginario mediterráneo desde una aproximación contemporánea, cálida y profundamente material.
El proyecto parte de una reforma integral liderada por Abel Pérez Gabucio, fundador y director creativo de ÀBAG Studio, que transforma una estructura con fuerte identidad arquitectónica en un espacio abierto, táctil y sereno, concebido para acompañar distintas formas de habitar.
Bóvedas catalanas y materiales nobles: la identidad del espacio
Ubicada en una finca del Eixample, la vivienda conserva elementos originales como las bóvedas catalanas, los techos vistos y las carpinterías en arco de nogal macizo, integrándolos en una intervención contenida donde la honestidad constructiva y la sensibilidad material definen el conjunto. La propuesta se articula a través de una lectura casi monocromática del espacio, donde materiales como el travertino y el ónix verde — seleccionados personalmente en cantera por el propio estudio— aportan profundidad, textura y una atmósfera envolvente.

El proyecto introduce además un lenguaje casi industrial reinterpretado desde códigos mediterráneos, más suaves y orgánicos. Parte de la infraestructura permanece deliberadamente expuesta, reforzando una estética donde lo constructivo se convierte en elemento narrativo.
La vivienda fue concebida para Adam y Julia, una pareja internacional que, tras vivir entre Londres y Nueva York, decidió establecerse definitivamente en Barcelona atraída por su arquitectura, su clima y su cultura gastronómica. Su deseo era crear un hogar abierto y acogedor, pensado para compartir y recibir, donde convivieran la energía urbana y una sensibilidad más relajada e intuitiva.
Una cocina escultórica como centro del hogar
El corazón del proyecto es una gran zona común donde cocina, comedor y salón se conectan de forma orgánica. La cocina, concebida como pieza escultórica, se desarrolla mediante paneles flexibles de madera con relieve que aportan textura y continuidad visual. El pavimento continuo de Pavidnus y los revestimientos en microcemento generan una base neutra sobre la que se integran piezas diseñadas a medida junto al estudio barcelonés Marlot Baus, como la chimenea suspendida que introduce un punto focal y organiza el espacio sin fragmentarlo.
El mobiliario combina diseño contemporáneo y piezas de autor cuidadosamente seleccionadas: los sofás Julep de Tacchini aportan volumen y suavidad al salón, mientras que una mesa curva diseñada específicamente para el proyecto dialoga con una iluminación escultórica de Santa & Cole y un espejo de Zieta. La vivienda incorpora además luminarias de Flos, Foscarini, Luxmixtura y piezas decorativas de firmas como Ferm Living, Hay, Le Creuset, 101 CPH o Sarah Lavoine.
La materialidad textil, protagonizada por cortinas 100% lino de Gancedo, filtra la luz natural y refuerza la calidez del conjunto. En paralelo, obras de arte comisionadas específicamente para el proyecto junto a Galería Alzueta y el artista Stan Van Steendam aportan una dimensión más emocional y personal al interior.
La relación con el exterior también juega un papel esencial en la experiencia doméstica. Una terraza y un balcón prolongan la vida interior hacia la ciudad, incorporando vistas abiertas sobre Barcelona y reforzando el vínculo con el clima mediterráneo. En la terraza, un mosaico Nolla diseñado específicamente para la vivienda reinterpreta la tradición local desde una mirada contemporánea.
En la zona privada, el proyecto profundiza en una atmósfera de bienestar y recogimiento. La suite principal incorpora una bañera exenta enmarcada por un arco y un espacio anexo con sauna y hammam. Los baños, revestidos en ónix verde y griferías de Hotbath en acabado cobre, enfatizan la riqueza material que atraviesa toda la vivienda.

Más allá de lo formal, Córcega destaca por la precisión artesanal de su ejecución y por una concepción del lujo basada en la experiencia sensorial, el detalle y el paso del tiempo. Desde armarios revestidos en piedra realizados por artesanos especializados hasta pequeños gestos integrados de forma discreta en la arquitectura —como un espacio oculto diseñado para los gatos de Julia—, el proyecto construye una narrativa doméstica íntima y sofisticada.